miércoles, 3 de octubre de 2018

El silencio social de la infertilidad

Muy buenas! Si todavía se sigue asomando alguien por aquí seguramente os preguntaréis qué ha sido de nosotros...

Muchos meses sin escribir. Muchas ganas de hacerlo.

La reincorporación al trabajo no fue nada fácil a nivel emocional. Hubo días en los que pensé que mi corazón no se podía romper en más trocitos cada vez que dejaba a nuestra Gladiadora en la Escuela Infantil. Pero lo superamos. Juntos. Fue más difícil para nosotros que para ella. Es increíble lo rápido y bien que se adaptó. Ahora, muchos días cuando vamos a recogerla, viene a saludarnos con un abrazo y un besito pero enseguida señala al suelo para que la dejemos continuar con lo suyo.

Mi vuelta al trabajo también vino acompañada de cambios. Nuevas tareas. Nuevas funciones. Nuevas responsabilidades. Y, como regalo, la mejor compañera de despacho, mi amiga Lucía!!! Cuánto bien me hizo y me hace tenerla cerca cada día.

Ahora nuestra vida, nuestro tiempo, se reparte entre el trabajo y la crianza. La dueña de nuestras tardes, de nuestros fines de semana y de nuestras vacaciones es nuestra hija. Realmente, es la dueña de nuestras vidas. De nuestro corazón.

Inmersa en lo que se ha vuelto una tarde cotidiana cuando a Inesito le toca trabajar, hace tan sólo unos pocos días, estaba dando un paseo con nuestra Gladiadora y su hermano peludo cuando nos encontramos con unos vecinos muy majetes que siempre nos paran para saludar y decirle cositas a la peque. Aún estoy intentando recordar de qué manera y en qué momento la conversación terminó poniendo la diana en la infertilidad. Pero no en la nuestra, sino en la de ellos. 

Cuando empecé a escuchar el trocito de su historia, dejé de oír los coches que pasaban por la avenida, aparqué mi sonrisa de madre feliz. Una sensación familiar, conocida. El cachito de su aventura que decidieron compartir conmigo un martes cualquiera en mitad de la calle y bajo un sol aún desconsiderado no me dejó indiferente. 

Marta y David son un matrimonio joven, no creo que hayan cumplido los cuarenta aún. Se adoran y son adorables. Juntos y por separado. Los conocimos al poquito de comprar nuestra casa hace ya 6 años. 

Me contaron que su lucha fue larga. Sin especificar el tiempo ni yo preguntarlo. Me confesaron que el problema de infertilidad era de factor masculino. Se hicieron muchísimas pruebas e intentaron lograr su sueño de ser padres con varios tipos de tratamientos. David prácticamente no hablaba. Lo hacía Marta. David asentía con la cabeza y la agachaba perdiéndose su mirada en los adoquines...

Marta relató como en su clínica, cuando ya dieron por imposible que pudieran ser padres con los gametos de David, les ofrecieron recurrir a las células de un donante. En ese momento, al ver sus ojos cargados de lágrimas me dieron ganas de contarle como llegó al mundo Gladiadorcita (pero no lo hice). 

Me contó que cuando se encontraban en el momento de decidir qué hacer, si recurrir a semen de donante o no para lograr su embarazo, una de las especialistas que les atendió en su clínica les dijo: "...pero mujer, no le deis tantas vueltas, es lo mejor y además aquí todos los chicos que vienen a donar son muy guapos..." 

A lo que Marta contestó: "el físico me da exactamente igual, yo por lo que me muero de pena es porque me enamoré de mi marido por su forma de ser, por su bondad, por lo cariñoso que es, porque me hace sentir única y especial, ¿tienen algún donante que me pueda proporcionar lo mismo?". 

La mujer que Marta tenía enfrente terminó sentenciando: "si te vas a poner tan romántica, lo mejor es que os quedéis como estáis porque, efectivamente, lo que buscas no lo tenemos".

Y aquí fue cuando Marta, mirando de reojo a David, dijo: "...y ahí terminó nuestra lucha, en ese momento fue cuando nos rendimos. El trato que nos dieron fue tan frío que lo único que queríamos era salir de allí y recuperar nuestra vida".

Les manifesté todo mi respeto por la decisión tomada. Porque si algo me ha enseñado la infertilidad es a no juzgar. A respetar las emociones ajenas.

Posiblemente mi cara fuera un poema en ese momento porque Marta, con sus grandes ojos verdes, me miró y me dijo: "Inés, aunque te cueste creerlo logramos pasar el duelo, conseguimos despedirnos del sueño que jamás se materializó, y aprendimos a ser felices con lo que la vida si que nos ha dado. Disfrutamos mucho el uno del otro, viajamos en cuanto los trabajos nos lo permiten y ahora miramos a la vida de un modo distinto. Se puede superar. Con tiempo y muchísima complicidad entre la pareja. Se puede, de verdad. "



Un par de horas después, cuando mi pequeña ya dormía, mientras preparaba la cena para Inesito y para mí, un pensamiento invadió mi cabeza: "cuánto nos podríamos haber consolado y acompañado en ese camino que a algunas personas nos toca transitar, cuántas lágrimas nos podríamos haber recogido, cuántas charlas terapéuticas habríamos tenido, cuánto bien nos hubiéramos hecho,...pero el aplastante silencio social de la infertilidad, viviendo a tan solo unos pocos metros, no nos permitió abrir nuestros corazones y apoyarnos".



3 comentarios:

  1. Ay, Inés, qué historia tan dura y tan valiente. Bravo por esa pareja que consiguió superar algo tan duro con tanta valentía. Yo no sé si habría podido, no sé si mi pareja lo habría soportado. Pero como tú dices, en esto no hay juicios que valgan, cada familia, cada pareja es un mundo y tiene sus circunstancias y lo importante es que consigamos ser felices con lo que tenemos. Un abrazo grande para los tres

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  2. Hola Inés se te extrañaba por acá. Tengo una amiga de la iglesia que hace unos días me dijo lo mismo. Y le digo que quizás debemos salir del closet y mencionarlo abiertamente. Es que realmente no tiene nada de malo eso. Quizás es más el miedo a las opiniones no pedidas que uno no lo quiere hacer. Te mando un abrazote para ti y tu bebita.

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  3. Muy buenas a todas!!! Muchas gracias por compartir vuestras experiencias y emociones... las mujeres y hombres (parejas, matrimonios) que nos encontramos en esta situación por ignorancia sólo nos sentimos reconfortadas y comprendidas por personas que se encuentran en la misma situación... me emociono al leer que hay mujeres que se se han sentido como yo en estos momentos de incertidumbre, tristeza, desconcierto... y sin saber cuando y como va a terminar... hemos de sentirnos unas grandes heroínas por dar este paso de FIV...

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