domingo, 28 de agosto de 2016

Y nuestra particular luna de miel se acaba...

Querida hija,

En estos momentos duermes. Me escabullo para escribir estas líneas. Mi alma lo necesita.

Nuestra particular luna de miel se va terminando. No puedo evitar sentirme triste. Hemos estado seis meses y medio pegadas como dos lapitas la una a la otra. Durante el día y durante la noche. Prácticamente las 24 horas. El mayor regalo que jamás he tenido.

          Seis meses y medio conociéndonos, mirándonos y aprendiendo la una de la otra. Te pido disculpas si al principio sentiste que mamá tenía miedo de no cuidarte bien. Te pido perdón por mis torpezas de principiante dándote el pecho y porque el cansancio muchas veces haya podido conmigo. A pesar de ello, intento cada día ser la mejor versión de mí misma para tí.

          Seis meses y medio oliéndote. Me chifla olerte mientras te doy besitos en la cabeza. Qué placer! Le pido al Todopoderoso que guarde ese olor en mi memoria para siempre. No me importa olvidar el resto de olores si recuerdo ése hasta el final de mis días. Olor a vida recién estrenada hija mía. Olor a tí.

          Seis meses y medio cantándote, susurrádote y hablándote sin parar. Estoy segura de que muchas veces con tu mirada me estás diciendo "mamá cállate un poco por favorrrrrr". Tú te esfuerzas por expresarte mediante balbuceos, gorjeos y grititos que han pasado a inundar esta casa de vida. Una casa que durante mucho tiempo estuvo en el más absoluto silencio.

          Seis meses y medio acompañándote en tus descubrimientos y progresos. Observando tu gesto al experimentar con texturas, olores, sabores, colores, sonidos,...es tan divertido!. Admiro tu tesón por lograr ser cada día más independiente. Ya no necesitas a mamá o a papá para darte la vuelta, para ponerte el chupete en la boca o para mantenerte sentada tú solita. Ahora luchas con todas tus fuerzas para conseguir gatear y alcanzar todo aquello que se pone en tu punto de mira. Eres y siempre serás una guerrera. Una Gladiadora.

          Seis meses y medio contemplando cada día como miras a tu padre, como crece contigo el entusiasmo por él, como le sonríes y le observas cuando él no se da cuenta y la cara que pones de sorpresa cuando oyes su voz al llegar a casa. Menuda pareja hacéis!.

          Seis meses y medio de magia. Seis meses y medio que se terminan. Mañana empiezas la escuela infantil. Una nueva etapa en tu vida mi amor. Una nueva etapa para nuestro círculo mágico. Tengo el corazón en un puño. No quiero separarme de tí. No puedo. Y por eso estoy triste. Muy triste. Pero tú no lo vas a notar. Iremos a la escuela los tres contentos, cantando y sonriendo. Lo haremos porque estamos convencidos de que si tus nos notas alegres todo será más fácil. Y después, cuando crucemos el umbral de la puerta de la escuela, diré adiós a los seis meses y medio más bonitos de toda mi vida. Seis meses y medio de amor en estado puro. Seis meses y medio que tiempo atrás llegué a pensar que quizás jamás viviría. GRACIAS HIJA.

Dejamos atrás seis meses y medio de luna de miel inolvidables y damos la bienvenida a un nuevo ciclo. Una nueva aventura. Con momentos críticos y retos. No vas a tener la teti de mamá para cuando te quieras dormir y tendrás que adaptarte a una profe y unos compañeros nuevos. Iremos poco a poco. Los primeros días irás una horita solamente e iremos aumentando el tiempo progresivamente para que puedas ir acostumbrándote poquito a poco...Como eres una campeona estoy segura de que lo vas a hacer genial y cuando te quieras dar cuenta aparecerán por la puerta mamá o papá y nos iremos a darnos un montón de besos y abrazos, a jugar, a contar cuentos, a cantar, a la playa, a dar paseos con tu hermano peludo,...a vivir, a vivir esta preciosa vida contigo my love. Porque la vida es precisamente eso. Momentos. Y es lo que nos llevamos. Instantes.

Somos un equipo y unidos sabremos superar los obstáculos que se presenten y disfrutar cada minuto juntos.

Termino este post contigo en brazos. Leyéndotelo. No sé si algún día estas líneas caerán en tus ojos. Sólo sé que necesitaba decirte todo esto. Para despedir estos seis meses y medio. Para dar la bienvenida a tus nuevas mañanas. 

TE QUIERO GLADIADORCITA. 



domingo, 14 de agosto de 2016

Baby Blues. Los primeros días en casa tras el parto.

Si comienzas a leer este post esperando encontrar una versión romántica y amable del post parto, deja de leer. No sigas. Stop!
Si consideras que por tener problemas de infertilidad te puedes librar de los llamados Baby Blues, estás muy equivocada. Porque no siempre es así.

Qué son los Baby Blues? Después de dar a luz, durante las primeras semanas de recién mamá, nos pueden asaltar, sin motivo aparente, sentimientos de tristeza, ganas de llorar y llantinas repentinas, ansiedad o irritabilidad y muy mal humor. Entre sus posibles causas están los cambios hormonales, la falta de sueño, el agotamiento arrastrado tras el parto y las molestias del post parto, la pérdida de tiempo para una misma y para la pareja...

En mi caso, si algo protagonizó estos días fue el constante sentimiento de culpa. Si,si. CULPA. No me sentía con derecho alguno a quejarme de nada después del camino recorrido hasta tener a nuestra Gladiadora en brazos. Por tanto, sufrí mis Baby Blues, las primeras semanas de mi post parto, en silencio y con resignación. Por suerte, gracias a un libro de Lucía Galán "Lo mejor de nuestras vidas" - Lucía, mi Pediatra., y que leía muchas veces mientras le daba el pecho a nuestra pequeña, comprendí que lo que me estaba sucediendo era completamente NORMAL.

Creo que me centré tanto durante tres largos años en lograr el embarazo y después en que todo fuera bien en el transcurso de éste que nunca pensé más allá.

Nunca imaginé que echaría de menos a mi marido a pesar de estar las dos primeras semanas tras el parto metidos en casa ambos con Gladiadorcita. Hechaba de menos esa facilidad y accesibilidad para estar un rato abrazados, conversando o, simplemente, dando un paseo con nuestro peludo. Quizás me sentía así porque hemos sido siempre un poco pareja - lapa jajajajaja. Nuestra hija pasó a ocupar toda mi atención durante las 24 horas. Desde sus primeros días demandaba comer cada hora u hora y media, a lo sumo dos. Tanto de día como de noche. A una lactancia materna exclusiva aún no del todo instaurada con grietas en los pezones que dolían a rabiar, se sumó la falta de sueño y descanso causada por las frecuentes tomas, las molestias de los puntos, las almorranas (si, si, también tuve), el que echaba de menos mi barriguita de embarazada y la preocupación y ansiedad que genera tener a una bebé que nace con un peso muy justito.

Cada vez que miraba a mi hija no podía evitar pensar si lo haría bien, si saldría adelante, si mi leche le alimentaría lo suficiente, si daría la talla como madre,...Cuando me quise dar cuenta, me soprendí un día sentada en la taza del inodoro llorando. Asustada. Mi marido me consolaba diciendo que había hablado con compañeros suyos y que casi todos le habían dicho lo mismo: "el primer mes es el más duro, luego todo cambia".

Pero... Por qué? Si ya teníamos a nuestra pequeña, si ya era mamá, si ya teníamos a nuestro trocito de cielo y sueño hecho realidad en casa,... Por qué no estaba eufórica y rebosante de felicidad? Por qué lloraba?. Me sentía inmensamente CULPABLE por sentirme así. Pero amigas mías, así son los Baby Blues. Una auténtica revolución hormonal en un cuerpo que recientemente ha dado a luz.

Lo bueno de los Baby Blues es que tal y como vienen, se van. En mi caso duraron un par de semanas. Eso, suele ser más o menos lo normal. Si se alargan más es conveniente acudir a tu médico para descartar o prevenir un principio de depresión post parto.

Aquellos días pasaron. Y según vas adquiriendo seguridad como mamá y tu bebé va aumentando de peso, los temores van mitigando y se abre paso una etapa absolutamente maravillosa. Yo muchas veces le digo a mi pequeña "Ésta es nuestra particular luna de miel porque nunca volveremos a estar tan juntitas como lo estamos durante estos meses" y por eso hay que disfrutar mucho la primera crianza. Los primeros meses. Porque, de verdad, el tiempo vuela y los primeros meses son muy bonitos. Duros en algunas ocasiones, de acuerdo. Pero inmensos, grandes, preciosos.
 



domingo, 29 de mayo de 2016

Encuentro Infertil

Paso rápido por aquí mientras Gladiadorcita duerme su siesta porque no podía dejar de informaros que los próximos días 4 y 5 de Junio tiene lugar en la preciosa ciudad de Valencia una Quedada Nacional por motivo del Día Mundial de la Infertilidad.

No soy muy dada a utilizar el blog para promocionar productos o eventos pero éste, sin duda alguna, merece una reseña y mención muy especial.

Conozco a las tres cabezas pensantes de este encuentro. Compañeras, amigas, mujeres muy grandes que un buen día no les quedó más remedio que abrir la puerta a la infertilidad en sus vidas para combatirla. Para luchar con toda su alma y lograr su sueño de ser mamás.

Las tres me han acompañado en mi camino. Han sido testigos de mis días grises, de mis mariposas en blanco y negro durante mucho tiempo. Nunca han fallado. Siempre han estado ahí con una palabra amable y reparadora. Dando aliento en los momentos más bajos, más negros. Pero también me acompañaron cuando mi vida volvió a tomar color, cuando la noria volvió a girar. Cuando me quedé embarazada y tuve a mi pequeña.

Ellas siguen en plena batalla. Siguen suspirando al aire. Siguen mirando al cielo preguntándose cuándo les tocará a ellas. Y mientras tanto, hacen cosas tan fabulosas y necesarias en esta sociedad como preparar y currarse el I Encuentro Infertil de Valencia. Un paso más hacia la normalizacion de los problemas de infertilidad y los tratamientos de reproducción asistida.

Sin duda, el evento no te dejará indiferente. Si no, mira el cartel y la información que aparece abajo. Un fin de semana inolvidable. Una oportunidad única para conocer a un montón de personas que como tú y como yo saben en primera persona como azota la infertilidad, como golpea. Una oportunidad para escuchar a profesionales en reproducción asistida y plantear tus dudas, tus inquietudes. Una oportunidad única para pasarlo bien, para darle un toque de color a tu particular cruzada.
 

 
Te lo vas a perder?

lunes, 9 de mayo de 2016

Los días en el hospital tras el nacimiento

Tema controvertido. Varias formas de verlo. Y de vivirlo.

Hay a quienes les gustaría pasar esos días en la más estricta intimidad con su pareja y su bebé recién nacido (o bebés si hablamos de parto múltiple). Hay quienes desean tener a su lado durante esos días a sus padres y / o familiares más directos además de su pareja. Hay quienes mandan un mensaje por WhatsApp a toda su agenda cuando están saliendo para el hospital o recién nacida la criatura o criaturas dando la ubicación del hospital y de la habitación para recibir visitas como si del portal de Belén se tratara. Sea de la forma que sea todas son respetadas siempre y cuando hayan sido decididas por los recién estrenados papis.

Nosotros nos decantábamos entre la primera y la segunda. Y finalmente no fue ni la una ni la otra.

Inesito avisó a las abuelas, es decir, a su madre y a mi madre, una vez el momento del parto ya era inminente. De esta manera, les ahorramos a ambas estar allí durante las más de 26 horas de dilatación y resto del proceso. Les dijo que se pasaran sobre las 18:00 horas, pues para esa hora ya estaríamos en la habitación. Esto nos permitió una intimidad a los tres, bajo mi punto de vista, fundamental. Acabábamos de tener a nuestra pequeña tras muchas horas. El tsunami de emociones y el agotamiento que esto conlleva no es nada despreciable. Necesitábamos mirarnos, tocarnos, besarnos, olernos, hablar,...terminar de creernos que nuestra hija ya era real. Estaba ahí. Aquello que llevábamos años anhelando y luchando estaba en nuestros brazos. Nos miraba. Buscaba mi pecho para empezar a alimentarse. Fueron nuestras horas de bienvenida a una nueva vida. A una gran aventura.

Aquella tarde, tal y como estaba previsto, tal y como decidimos nosotros, vinieron a conocer a Gladiadorcita sus abuelos. Tanto mi madre como mi suegra estaban tan felices y excitadas que nos manifestaron su necesidad imperiosa de comunicar la noticia al resto de familiares. Inesito le advirtió a su madre que el parto había sido duro y que yo necesitaba descansar. Le rogó comprensión y moderación.

Al día siguiente, y tras una noche prácticamente sin dormir, porque si algo caracteriza a Gladiadorcita desde su minuto cero es que es muy tragonceta y con el calostro no parecía conformarse, a las 10 de la mañana ya habían pasado cerca de 20 personas por nuestra habitación para conocer a la nueva miembro de la familia. Cuando pasaban las enfermeras me miraban con compasión en los ojos. Con piedad.

Poneros por un minuto en situación. Apenas han pasado 24 horas del parto. Tienes las piernas, tobillos y pies muy hinchados por toda la medicación que te han tenido que meter en vena. Estás dolorida. Los puntos tiran, molestan. Ir al aseo es un suplicio. Estás cansada. Sin apenas dormir en casi dos días. Tu aspecto es bastante terrible... Y pese a todo esto, estás FELIZ. Feliz cuando miras a tu marido y le ves una expresión en el rostro que no le has visto nunca. Feliz cuando miras a la cunita que hay al lado tuya y ves a tu bebé. Nuestra pequeña, que hasta hace unas pocas horas aún estaba dentro de mí.

Aquella mañana aguanté las visitas como buenamente pude. Pasé más tiempo de pie del que recomiendan intentando ser una buena "anfitriona". Me ponía a nuestra pequeña al pecho. Lo hacía de forma torpe, inexperta. Pese a ello, Gladiadorcita se agarraba con fuerza para sacar el calostro. Para alimentarse. Y yo, veía las estrellas. Mientras tanto, abuelas, tías y demás féminas me daban consejos (órdenes) sobre posturas, horarios de tomas,...y si la pobrecita lloraba también tuve que escuchar la archiconocida frase de "oye igual se queda con hambre si no está saliendo nada del pecho, pide un biberón a las enfermeras"... Entre tanto y tanto seguía entrando y saliendo gente de la habitación. Para colmo, mi marido no estaba, pues tuvo que ir a casa a sacar a nuestro hijo peludo y a por provisiones de comida.

Con este panorama, recién parida e inexperta total en lactancia materna, vosotr@s cómo os hubierais sentido? Yo, desde luego, no lo pasé nada bien. Me sentía fatal. Tenía la sensación de no estar prestando toda la atención que debía a nuestra indefensa pequeña.

Por supuesto que se agradecen todas y cada una de las visitas pero cuando se convierten en un acto social que se alarga toda una mañana es agotador y más en esas circunstancias... Al menos yo lo viví así.

Ese mismo día, por la tarde, en una exploración que le hicieron a Gladiadorcita nos dijeron que había perdido casi 300 gramos. Debido a esta pérdida y a que nació con un peso un pelin justo (2,620 kg), nos anunciaron que hasta que no recuperase algo de peso no nos podían dar el alta para marcharnos a casa.

Nos asustamos mucho. Muchísimo. Miraba a nuestra hija y me moría de la pena. La veía tan chiquitita. Ningún trajecito de los que le llevamos en su bolsa le estaba. Todos le quedaban muy grandes. Y, lo peor de todo, me sentía tremendamente culpable por haber estado atendiendo visitas y no haberme dedicado más a ella... Fue terrible. Lloré mucho. Muchísimo. Mi marido, también exhausto, no sabía cómo consolarme, cómo animarme.

Esa noche la pasé poniendo a Gladiadorcita al pecho para que me estimulara y subiera la leche cuanto antes y cada hora y media entre Inesito y yo le dábamos 20 ml de leche artificial con jeringuilla pautada por la médico como refuerzo. Al día siguiente nuestra campeona ya había cogido algo de peso. Afortunadamente, después de una noche entera poniendomela al pecho (y cuando digo una noche entera, es una noche entera con todos sus minutos y sus horas), me subió la leche enseguida. Nos retiraron la pauta de leche artificial para sustituirla por leche mía y, desde entonces, no hemos tenido que volver a recurrir a ella. En cada control de peso, Gladiadorcita nos daba una pequeña alegría.

Inesito y yo pedimos a las familias que por favor respetaran nuestra intimidad y descanso para centrarnos en nuestra hija, en iniciar la lactancia materna con tranquilidad y calma. Hubo familiares que hicieron caso omiso pero lo que si que es cierto es que los días posteriores fueron mucho más light en lo que a visitas se refiere.

Salimos del hospital con nuestra luchadora tras 4 días y pesando 2,550 kg.

En el siguiente post os contaré cómo fueron los primeros días en casa.
 

lunes, 11 de abril de 2016

Mi parto, nuestro parto...

11 de Febrero de 2016: Inesito y yo desayunando coincidimos en que hemos dormido de maravilla. Como hacía tiempo que no lo hacíamos, pues desde hacía semanas entre la barrigota y mis múltiples visitas nocturnas al baño para hacer pipí, el sueño tanto del uno como del otro se había visto resentido...

A media mañana nos dirigimos al Centro de Salud para pedir a mi doctora de cabecera la receta para el complemento del hierro. Va con muchísimo retraso. Nos encontramos a unos vecinos con los que nos ponemos a hablar y amenizan la espera. 

De repente noto lo que me parece ser una descarga (bastante líquida) de flujo. Sigo notando. Más y más... Cuando noto que un pequeño chorrito está alcanzando mi rodilla, tengo la certeza de que no se trata de flujo. Estoy rompiendo aguas!!!

Pasamos fugazmente por casa a recoger el bolso del hospital con las cositas de la peque y mías para nuestra estancia allí. Emoción. Mucha emoción. Inesito, nervioso. Se acerca el gran momento.

A las 13:30 horas, ya en el hospital, tras una exploración vaginal, se confirma la rotura de bolsa. Me ingresan avisándome que estoy muy verde en lo que a dilatación se refiere y que probablemente se haga bastante largo... Después de colocarme una vía para poner intravenosa de penicilina (por el estreptococo positivo), suero y buscapina (como horas más tarde sería preciso), pasamos a una "habitación de dilatación".

Allí estuvimos hasta las 20:00 horas. Durante esas horas, me fueron poniendo los recambios de bolsas de penicilina cada 4 horas, me hicieron un par de tactos y me pusieron una pastilla de Misofar (inductor del parto) vía vaginal. Dilatación? Cero patatero. Sin dolores ni molestias significativas.

Sobre las 20:15 horas nos pasan a una habitación en planta para pasar la noche y me ponen la segunda pastilla de Misofar. Alrededor de las 22:00 horas comienzo a notar las contracciones de una forma intensa. Pongo en práctica todo lo aprendido en las clases de preparación al parto en lo referente a la fase de dilatación. A las 05:00 horas de la madrugada ya no encuentro postura en la que poder ponerme de los dolores que tengo. El dolor empieza a ser insoportable y muy continuo. Inesito va a buscar a una matrona para ver cuánto había dilatado. Tan sólo 1,5 cm. No nos lo podíamos creer después de tantas horas y esos dolores...

Alrededor de las 06:00 de la madrugada, nuestra gine nos propone poner ya la analgesia epidural, pues, como bien vaticina, va para largo y no tengo por qué sufrir gratuitamente si no quiero...Accedo y en cuestión de 30 minutos ya estaba gozando de la relativa calma que te aporta este gran invento. Pude hasta echar una pequeña cabezadita!!!

Aún con la epidural puesta, no perdí en ningún momento la sensibilidad de ninguna parte de mi cuerpo. Podía mover las piernas sin problema; únicamente tenía la sensación de tenerlas muy muy cansadas pero nada más. Estoy plenamente convencida de que no me hizo todo el efecto que debía. Las contracciones las notaba pero en vez de sentir dolor, lo que me venía con cada una era presión, mucha presión (como cuando te vas a hacer caca...).

A las 12:00 horas (ya del día 12 de Febrero) volvieron a explorarme. Además de ponerme la epidural, al cabo de un par de horas, también me pusieron buscapina vía intravenosa pues, según nos informaron, ayudaría a agilizar la dilatación hasta el final. Pues no. No fue así. Únicamente conseguí dilatar 2 cm más. En total, 3,5 cm. Inesito y yo nos miramos con cara de agotamiento supino y cierta desesperación. Nuestra Gladiadora se estaba haciendo de rogar también para salir a conocernos. Afortunadamente, su latido iba perfecto.

A las 13:15 horas, nuestra gine, que ya estaba fuera de su horario desde las 8:00 de la mañana pero que se quedó con nosotros hasta el final del parto, nos propuso estimular manualmente para alcanzar la dilatación necesaria para el expulsivo. Accedimos. El cansancio tras tantas horas y las ganas de conocer a la peque eran tan grandes...

La estimulación manual no fue dolorosa (supongo que al llevar la epidural eso ayudó bastante) pero si desagradable. En unos minutos, tras la maestría de nuestra gine, ya estaba totalmente dilatada. A continuación, cada vez que notaba venir una contracción, ella me indicaba que realizase un pujo. Tras media hora así y viéndose ya el pelito de la cabeza de la peque, nos dirigimos a paritorio. Voy andando. Malamente pero llego al paritorio por mi propio pie con la ayuda de Inesito. Otro indicio más de que la epidural no surtió un efecto al 100% en mi caso.

Una vez en el paritorio, todo sucede muy rápido. 15 minutos a lo sumo que a mí me parecen horas.

Ginecóloga, enfermera y 2 estudiantes de prácticas por abajo, matrona e Inesito por arriba, cada uno a un lado. Cada cual en su papel. Mis piernas y mis pies colocados en los estribos y las manos sujetando unas barras laterales. Notaba que Inesito me tocaba, me intentaba dar su mano, me alentaba con sus palabras... Igualmente ginecóloga y matrona cariñosamente me animaban cuando con cada contracción tenía que empujar.

Empujé, empujé y empujé. Con cada pujo me dejaba el aliento. Cerré los ojos. Me concentré en hacer aquello lo más fácil posible a nuestra Gladiadora. Pero no fue suficiente. Y lo que tuvo lugar a continuación, es lo más doloroso y desgarrador físicamente que he sufrido en mi vida.

Clac, clac, clac. Noté perfectamente como una tijera o bisturí cortaba y cortaba. Si. Habéis acertado. Episotomia. Con todas sus letras. A pesar de llevar puesta la epidural, noté el corte a flor de piel. Salió un grito de mis entrañas que jamás olvidaré. Y la cara de Inesito tampoco la borraré de mi memoria nunca. Como lloraba el pobre mío...

Tras la episotomia, todo se aceleró. Escuché a la ginecóloga decir: "...no sale, no puede, el canal es muy estrecho, hay que ayudar a esta pequeña. Pasame el kiwi". El kiwi es una ventosa. Seguí empujando cuando me indicaban que debía hacerlo y en mi oído pude escuchar que Inesito me decía "ya sale, ya sale, venga cariño ya lo tienes hecho". Acto seguido, me indicaron que me incorporase un poco para poder ver a nuestra Gladiadora al salir y... Allí estaba, chiquitita, llena de sangre, con un bultito en la cabeza por la ventosa,...PRECIOSA. PERFECTA. Sigo sin encontrar las palabras para describir esos instantes. Ese torrente de emociones. Quizás nunca las encuentre.

El 12 de Febrero de 2016 a las 14:50 horas vuelvo a nacer. Mi vida cambia para siempre. Nuestra vida arranca una aventura sin igual. Ese día tuvimos a nuestra hija. Somos padres. Soy mamá. Y...redescubrí, una vez más, al excepcional compañero de vida que tengo: mi marido. Es increíble como vivió y me acompañó aquellas más de 26 horas.
 
Sin ti, no sé como lo hubiera hecho Inesito. Por eso, no sólo fue mi parto. Fue nuestro parto. GRACIAS INFINITAS.


sábado, 6 de febrero de 2016

37 semanas, embarazo a término. Lo has logrado campeona!

El pasado martes cumplimos nuestra 37 semana de embarazo y con ella dejamos atrás el riesgo de parto prematuro. Nuestra Gladiadora ya esta formadita y tiene todo lo necesario para salir a conocer el mundo que la está esperando, aunque sus papis no ponen ninguna objeción a que siga horneándose un poquito más. Pero llegar a la semana 37 ha supuesto para nosotros una auténtica victoria teniendo en cuenta el diagnóstico de parto prematuro que nos ha acompañado durante casi toda la gestación debido a mi útero polimiomatoso.

Y os preguntaréis "entonces, qué ha pasado con los miomas?". Os cuento. No se han desintegrado, siguen habitando en mí. De los 3 miomas que inicialmente dificultaban la consecución de un embarazo a término, 2 de ellos (los de tipo subseroso que están ubicados en la cara posterior del útero) desde más o menos la mitad del embarazo, quedaron muy altos sin entorpecer el desarrollo de la peque. El tercer mioma en discordia y que más ha preocupado a las ginecologas, tanto de la consulta de alto riesgo obstétrico del hospital como de la clínica (el de tipo intramural situado en el inicio del canal de parto), parece que se ha desplazado hacia la izquierda recientemente según ha ido encajándose la cabecita de nuestra campeona. De esta manera, ha quedado libre el canal para un parto vaginal sin entorpecer su estancia durante unas semanillas más dentro de mami. Así que ahora ya solamente queda esperar a que la verdadera prota de toda esta historia decida salir del apartamentito en el que lleva desde el pasado 8 de Junio...

Os mentiría si os dijera que, pese a que me muero de ganas por conocer a nuestra hija, no me da un poquito de pena que el embarazo esté llegando a su fin. Ya lo he comentado en alguna ocasión más, no sé si este milagrito se volverá a repetir en nuestras vidas. No sabemos cómo va a quedar mi endometrio después del parto y, pese a que nos quedan 4 hermanitos en Laponia, desconocemos si vamos a tener dos veces la misma suerte. Por eso, a tí, hija mía, quiero decirte:

" Que ha sido, y será hasta que decidas salir a conocernos, un auténtico placer llevarte dentro de mí. Observar como has ido superando todos los obstáculos que se te presentaban. Los sangrados y los manchados del primer trimestre por el hematoma, tener que convivir y hacerte hueco entre los miomas, demostrarnos lo fuerte que eres cada día con tus pataditas,...Una auténtica luchadora. Nuestra Gladiadora.

Que confiamos mucho en tí y sabemos que el día que quieras abandonar la que hasta ahora está siendo tu casita, lo vas a hacer muy bien. Mamá se dejará el aliento y todas sus fuerzas para facilitarte el camino. Papá estará también con nosotras porque si hay algo que vas a aprender enseguida es que somos un equipo. Y, en equipo, lo vamos a lograr. Lo vamos a conseguir. Todo va a salir bien pequeña.

Que todo está preparado para tu llegada. Tu dormitorio, tu ropa, tus juguetes, tu carrito de paseo, tu bañera,...pero sobretodo, abrazos infinitos, besitos eternos, miradas sin fin, paseos en manada con tus papis y tu hermanito peludo, canciones,...VIDA. Una nueva vida contigo mi amor. Una vida que, sin duda, nos hará mejores. La vida que nos convertirá en una FAMILIA.

Te queremos. "
Hope I, de Gustav Klimt

sábado, 2 de enero de 2016

¿Qué hay de nuevo? ... 32 semanas de embarazo

Hooooola! Esta vez me he pasado. Lo sé. Más de dos meses sin contaros nada...Lo siento.
 
El trabajo me ha tenido muy absorvida y con el embarazo voy un poquito a relentí...pero, por fin, ya estoy de baja laboral (por la Seguridad Social y no por la mutua como a mí me hubiera gustado), así que prometo actualizar el blog más a menudo ;-).
 
Estamos muy bien. Pese a que el primer trimestre estuvo lleno de sustos, miedos e incertidumbres, al final nos terminó llegando ese momento tan dulce como mágico del embarazo. Estamos disfrutando de las pataditas de nuestra Gladiadora cada día, de ver como va creciendo mi barriguita (mejor dicho, ya barrigota), de las ecos que me hacen cada 15 o 20 días (pues al tener amenaza de aborto durante los tres primeros meses, me incluyeron en la consulta de alto riesgo del hospital y además seguimos yendo a la clínica para que me hagan el seguimiento del embarazo allí también), de la ilusión que hace comenzar las clases de preparación al parto, que la gente nos pare y nos pregunte, empezar a preparar el dormitorio, comprar cositas, recibir regalos,...pero, sobretodo, saber que la peque va creciendo correctamente y que por el momento todo marcha como debe. Ésa es la mejor medicina para ir cicatrizando heridas.
 
Los miomas siguen estando donde estaban pero afortunadamente no han crecido mucho. No obstante, la posibilidad de practicar finalmente una cesárea sigue estando ahí. Se irá viendo sobre la marcha.
 
Una de las preguntas que más nos hacen últimamente es "...y tú cómo lo llevas?". Siempre respondo lo mismo: "la verdad es que pasado el primer trimestre, no me puedo quejar. No tengo naúseas ni malestar, tampoco un sueño excesivo, tolero todo tipo de comidas y de olores, me siento con energía, no tengo diabetes gestacional (el test O'Sullivan salió perfecto), aún estoy ágil para dar buenos paseos con nuestro hijo peludo,..." Únicamente tengo un poquito de anemia pero tras más de 1 mes tomando un complemento de hierro ya lo estoy empezando a notar.

Lo que si me trae un poquito de cabeza es el flujo vaginal. Aunque tanto las ginecólogas como la matrona nos advirtieron que éste se vuelve más acuoso y abundante durante el último trimestre, no termino de acostumbrarme y me aterra tener pérdidas de líquido amniótico. Así que ya he estado una vez en Urgencias por este motivo y muy recientemente he recurrido a un test que venden en la farmacia...en ambas ocasiones, afortunadamente, las pérdidas no eran de líquido amniótico y sí de pipí. Y es que a medida que nos acercamos al final del embarazo el suelo pélvico se resiente y las fugas de gotitas de orina cada vez son más abundantes y habituales. Así que aquí me tenéis haciendo todas las noches mientras veo un ratito la tele los famosos ejercicios de Kegel.

De vez en cuando nos asaltan otros temores relacionados con resultados de pruebas o con el parto pero intentamos concederle al miedo su justo espacio sin dejar que invada nuestras vidas. Intentamos ser felices. Dejar atrás unos años muy duros. Y creo que lo vamos consiguiendo.

Mi barriguita en la semana 32