miércoles, 28 de enero de 2015

Una pequeña piedra en el camino llamada mioma...

El pasado viernes, mi ginecóloga, como si se tratara de una providencia, vio oportuno pasarme una pequeña ITV pre-Ovo antes de empezar el tratamiento por 2 motivos:
 
1. Porque llevaba un retraso de varios días y mi regla seguía sin aparecer. La tendencia de los ciclos de una mujer con Fallo Ovárico Prematuro es que éstos se vayan acortando con el paso del tiempo. En mi caso, normalmente eran de 28 días, pero desde hace un par de años vienen siendo de 25 / 26 días (algún mes, porai suelto, de 30 pero ya muy extrañamente...). Este mes esperaba la regla como agua de mayo, pues tras el pinchazo de Decapeptyl 3.75 mensual, en cuanto la roja hiciera su aparición estelar tenía que empezar a tomar Meriestra para engrosar y preparar el útero mientras mi donante llevaba a cabo la estimulación ovárica. Así que imaginaros cuando a día 31 de ciclo aún seguía sin aparecer...atacaita estaba...
 
2. Porque tengo el útero polimiomatoso. Los miomas me acompañan desde bien jovencita. Nunca han alcanzado un tamaño preocupante ni habían estado ubicados en una parte del endometrio que comprometiera la implantación y el desarrollo embrionario. Nunca hasta hace poco más de un año. En Diciembre de 2013, ya con fecha para comenzar nuestro primer tratamiento de fertilidad, tuvieron que extirparme 2 nuevos miomas submucosos intracavitarios. Los miomas intracavitarios si que entorpecen y dificultan tanto la implantación como el crecimiento del bebé dentro del útero.
 
Y como si se tratara de un mantra que se repite...el pasado viernes, ahí estaba dejándose ver claramente a través del ecógrafo un nuevo mioma intracavitario de 1 cm en mitad de mi útero.
 
No me lo podía creer. Tras aprender a convivir con el duelo genético e ir superándolo día a día, tras la desesperante espera de nuestra ovodonante, cuando parecía que empezábamos a avanzar un poquito...zas! a retroceder de nuevo...no me lo podía creer y me vine abajo. Joder! ¿por qué?.




La ginecóloga me dijo:
 
- Inés, hay que quitarlo. Cuanto más limpio esté, mejor. Si no lo hacemos, podemos tener problemas en la implantación. Hemos tenido suerte de verlo antes de que empezaras con la Meriestra y la donante con la estimulación. Para no perder mucho tiempo, lo quitamos por histeroscopia quirúrgica en cuanto termines con la regla. Al ser tan pequeño, como mucho, habrá que esperar un ciclo más solamente.
 
Solamente de pensar en mi última histeroscopia me cambió la cara...pero, sinceramente, lo único que quiero ahora mismo es terminar con la regla que, por cierto, me vino al día siguiente, y poder continuar con nuestra Ovoaventura. Avanzar. Seguir. Porque, no sé si estaréis de acuerdo, pero en esto de la infertilidad, la sensación de estar estancado a veces llega a ser aplastante.
 
La histeroscopia no es nada agradable pero se soporta, y más cuando sabes que es para que tu futuro embrioncito esté a sus anchas ahí dentro y no quiera estar en otro sitio más durante 9 meses. Así que...toca coger impulso y darle una patada a esta pequeña piedra en el camino!.

lunes, 26 de enero de 2015

Nuestro Duelo Genético

El pasado mes de Diciembre, como muchas y muchos ya sabéis, la revista digital especializada en fertilidad Serás mamá: Home me dio una grata sorpresa cuando me preguntó si quería colaborar en su sección de Historias Reales. Y qué mejor manera de empezar que escribiendo sobre el archiconocido Duelo Genético en el mundo de la infertilidad desde nuestra experiencia.

Al comenzar a reflexionar sobre nuestro duelo genético me di cuenta, según iba plasmando mis emociones y conclusiones por escrito, que éste es un tema que da para más de un post. Y, tras haber escrito dos entradas en Serás mamá: Home sobre ello, considero que el duelo genético no desaparece tan fácilmente. Al menos, así ha sido y es en nuestro caso.
 

Aquí tenéis el link de las dos entradas por si os apetece leerlas y abrir un debate interesante en el que intercambiar impresiones:
 
Aprovecho para animaros a que os deis una vuelta por Serás mamá: Home. Es un portal muy completo y actualizado sobre fertilidad y cuenta con la colaboración de otras compis blogueras fantásticas y gente muy interesante.


Paso rapidito hoy por aquí porque os estoy preparando otra entrada con novedades de última hora en nuestra Ovoaventura.

Sed buen@s !

domingo, 18 de enero de 2015

1ª Parte de nuestra Ovoaventura: TENEMOS DONANTE!!!

Después de casi tres meses y medio de espera de donante de óvulos, empecé esta semana con el fiel próposito de no terminar subiéndome por las paredes. Para ello, me organicé una serie de actividades por las tardes con el objetivo de estar lo más ocupada posible y no darle tantas vueltas a la cabeza. Aunque, como muchas y muchos ya sabréis, es inevitable.
 
Lunes: al salir del trabajo, quedo para comer con mi amiga Magdalena. Magda es una de esas amigas que ves una o dos veces al año pero parece que os estéis viendo día si día también. Con ella, los ratitos son buenos y entrañables. Hay mucha química entre ambas, nos reímos y siempre terminamos contándonos confidencias. Le hice un repaso de todo lo sucedido en el último año pero no me atreví a decirle que nuestro próximo tratamiento iba a ser por Ovodonación. Y anda que no me lo puso fácil...porque me contó que su hermana, tras haber tenido cáncer unos años atrás, se había planteado, junto con su marido, recurrir a óvulos donados para ser madre pero que al final se decantaron por la adopción y llevan ya dos años esperando...
 
Martes: le he declarado la guerra a mis imperfecciones de la cara. Siempre he tenido una piel complicada pero la medicación de la ICSI me dejó de regalo unos granos y una capita de grasa en el cutis que me traen por el camino de la amargura. Así que el martes por la tarde tuve mi primera sesión de dermoabrasión estética. Con una técnica muy light. Sin medicación (pues cuanta menos porquería le meta al cuerpo, mejor). Es como una limpieza de cara normal pero utilizando productos muy concretos para el tipo de piel que se me ha quedado y pasando una especie de lapicero aspirador (haciendo círculos ascendentes) que lleva como unas piedrecitas. Agradable no es. Doloroso tampoco. ¿Efectivo?: ya os contaré más adelante, a mí, por ahora, se me están cayendo pellejitos y no me ha salido ningún grano nuevo. No pinta mal.
 
Miércoles: tarde caserilla limpiando un poco y planchando. Lo sé. No es un planazo pero hay que hacerlo ;)!. Yo no sé qué es lo que me pasa cuando cojo la fregona y el trapo que me da por pensar y pensar. Y mi cabeza no para...¿y en qué pienso?, pues en qué va a ser!, en nuestra Ovo. Me agobié tanto pensando en la espera de la donante que cuando llegó mi marido a casa, después de su jornada de 10 horas, le puse la cabeza como un bombo. Él, como siempre, intentó tranquilizarme y animarme, pero en sus ojos también pude ver inquietud. A las 22:00 horas recibo un whatssap de mi ginecóloga en el que me dice: "mañana te llamará la bióloga para organizar todo". Y ahí queda la cosa. Mi marido entona el consabido "¿Lo ves?". Yo, que me he vuelto un poco excéptica gracias a mi infertilidad, necesito un mensaje más explícito. Eso si, me voy a la cama con una sonrisa de oreja a oreja.
 
Jueves: Me levanto a las 06:30 horas. Mientras desayuno, leo un segundo whatssap de mi gine: "Te he dicho antes que te llamará la bióloga para organizar todo porque ya tenemos a vuestra donante. Ella te explicará lo que tienes que ir haciendo". A continuación, unos lagrimones mañaneros y legañosos salen de mis ojos. Confirmo a mi querida #infertilpandy vía twiter el notición que sospechábamos desde la noche anterior. Un torrente de emociones se apoderan de mí: alegría, felicidad, ilusión, agradecimiento y ganas de sacar la cabeza por la ventana y gritar: por fin!!!!!.
 

A las 13:00 horas recibo la llamada de la clínica.
 
Es la bióloga quien habla. "Bueno Inés, como ya te ha informado Lara (ginecóloga), tenemos a vuestra donante. Tiene 21 años. Todas las ecografías y las pruebas que le hemos realizado han salido perfectas. Pensamos que es una muy buena donante. La hemos elegido como si fuera para nosotras, de verdad. Lara ha sido muy exigente en el proceso de selección y por eso hemos tardado tanto. ¿Cuándo tuviste la regla por última vez?".
 
 
Y yo, casi temblándome la voz, le respondo: "Ay, qué bien! Muchísimas gracias por todo. No pasa nada, lo del tiempo es lo de menos (miento como una bellaca). Me vino la regla por última vez el 25 de Diciembre (fun fun fun, esto lo pienso, no se lo digo, claro)".
 
 
Tras un pequeño silencio, me dice: "Uiuiui...pues vais casi a la par la donante y tú con el ciclo. Espera. Ahora te llamamos y te decimos algo".
 
 
Si mi corazón no se salió del pecho durante aquellos minutos, no creo que lo haga ya. Suena de nuevo el teléfono. Esta vez es mi ginecóloga: "Inés, tenemos que pincharte esta tarde Decapeptyl 3.75 intramuscular. Veniros a las 17:30 horas. Es tontería que esperemos más".
 
 
Llamo a mi marido para contarle todo. Deshace sus planes de la tarde y me dice que se viene conmigo. Yo estoy como en una nube. Una espera tan larga y ahora...a correr!!! pero yo encantada que para eso soy una infertil runner ;). Quiero dar botes de alegría pero estoy en el trabajo y no es plan.
 
 
Cuando nos disponemos a salir del portal, veo en el buzón un sobre alargado. Lo cojo y lo meto en el coche. Ya lo miraremos después. En ese momento, solamente quiero que me pinchen jajajajaja.
 
 
A las 17:45 horas mi ginecóloga me pone en el culete el inyectable de Decapeptyl 3.75. Mi marido suelta un: "hasta el fondo!" y a mí no me queda otra que reírme. Nos explica que el Decapeptyl es un inhibidor hormonal. Provoca una menopausia temporal. Frena por completo la función ovárica, la ovulación. Acto seguido, me anota la pauta para empezar a tomar Meriestra a partir del primer día de regla (que la espero para el jueves que viene más o menos). Al parecer, estas pastis de valerato de estradiol sirven para preparar y engrosar el útero. Aunque, esto yo ya lo sabía gracias a la #infertilpandy.
 
 
19:45 horas: subiendo en el ascensor para casa abro el sobre que había en el buzón y ¿qué me encuentro?: el libro de Marian Cisterna "No tires la toalla, hazte un bonito turbante". Regalo de mi querida Luisi (#infertilpandy), de mi amiga y compañera de fatigas en esta dura batalla que nos ha tocado librar. GRACIAS, GRACIAS y GRACIAS Luisi. Eres un amor. Pensaba esperar a estar en betaespera - zen para empezarlo pero no me he podido resitir y ya estoy devorándolo...
 

Una de las cosas más fascinates de la vida es precisamente esto. Como en cuestión de horas pueden cambiar tus circunstancias. Como un día cualquiera una persona te hace un regalo que te hace una ilusión especial. Como se puede pasar de la incertidumbre, el miedo y la tristeza a casi la euforia...la vida es sencillamente increíble. Y quiero agradecer vuestra compañía en esta aventura. GRACIAS.


sábado, 17 de enero de 2015

Ganadoras de la Lluvia de Regalos!!!

Hola blogfamilia!

Paso rápido por aquí para contaros quiénes han sido las ganadoras de la primera Lluvia de Regalos de este blog. He de decir que me ha hecho muchísima ilusión ir comprando detallitos poco a poco y hacer paquetes molones. Lo he hecho con muchísimo cariño y espero que a las seleccionadas por sorteo les guste tanto como a mí me gustaron y emocionaron los regalitos que me hizo Luna del blog Voy caminando a nuestro futuro

Participantes:

1. IsaNatur
2. Martina
3. Ely 2
4. soñadora
5. Bedabita
6. Hope Mary
7. diariodeunamadreingeniera
8. ED
9. Luisi
10. Mer
11. nuryss
12. infertil desvergonzada
13. Mama Infertil fitness

Para realizar el sorteo, he utilizado sorteo2.com y en los 2 primeros puestos han salido ganadoras:

1) Mer
2) IsaNatur

Enhorabuena chicas!!!



Por favor, poneros en contacto conmigo a través del mail bajarespondedora@gmail.com
para facilitarme una dirección a la que enviaros los regalitos.

Reconozco que me ha gustado tanto esto de la Lluvia de Regalos que no va a ser ni la primera ni la última que haga.

Bueno...y ahora os dejo que estoy preparando una entrada para mañana muy muy especial ;).

Sed felices.

martes, 6 de enero de 2015

Querido Papá:

Querido Papá:
 
No sé por donde empezar. Tengo tantas cosas que decirte... Y, al mismo tiempo, creo que ya nos lo hemos dicho todo...
 
Te marchaste de casa un día cualquiera del mes de Junio de 1996. Ya lo habías hecho en más ocasiones. Pero esta vez, nunca volviste. Vino a recogerte la que hoy es tu mujer y la madre de una de mis hermanas. En Enero de 1997, ya no celebramos el día de Reyes en casa. Mamá decidió que los regalos de Navidad los traería a partir de entonces Papá Noel. Como buenamente pudo, trasladó esos días mágicos a otras fechas en el calendario. Quizás demasiados buenos recuerdos le traía ese día como para seguir celebrándolo. Todavía vienen a mi cabeza esas mañanas en las que entrabas en mi habitación, te metías dentro de la cama, me dabas un besito y me decías: "Nana (como te gustaba llamarme) despiértate que ya han venido los Reyes Magos y el salón está lleno de juguetes". Como te lo currabas papá! Años después supe que te pasabas gran parte de la noche montándolo todo y que apenas podías dormir de lo emocionado que estabas. Madre mía! nunca se me olvidará la mañana que llegué al salón y había hasta un trenecito circulando por sus vías, un muñeco gateando, los vestidos de la Barbie colocados en su armario de la súper mansión de Mattel y cuentos por todas partes. 
 
 
Papá, GRACIAS. Gracias por formar parte de unos recuerdos y momentos tan grandes. Tan bonitos. Pese a todo lo que ha pasado desde ese mes de Junio de 1996, nunca voy a olvidarme de ellos. No quiero hacerlo. Son mi talismán y a lo que me aferro cuando me doy cuenta de como ha cambiado nuestra relación.
 
Han pasado casi 19 años desde que te fuiste de casa. Desde que dejaste de formar parte de nuestro día a día. Desde que rehiciste tu vida junto a otra mujer. Tu mujer. Una mujer que tanto Blanca como yo siempre le hemos resultado incómodas, pues así nos lo ha hecho saber con sus gestos, con su trato, con sus palabras y con sus desplantes. Tanto Blanca como yo recurrimos varias veces a tí pero nunca supiste verlo. No quisiste. Siempre nos decías: "Ella os trata igual que a su hija, os quiere mucho.". Blanca tenía tan sólo 7 años y yo 14 cuando empezó todo. Cuando tu mujer empezó a cuestionar la ropa que traíamos de casa, nuestros cortes de pelo, nuestra alimentación, las horas que yo dedicaba a hacer los deberes y a estudiar, la relación que tenía con el que hoy es mi marido,...absolutamente TODO. Imperaba el "aquí no os ponéis esa ropa"; "aquí si os ponéis malas no se toman esas medicinas que os ha echado tu madre en la bolsa"; "aquí la luz se apaga pronto, tienes todo el día para estudiar"; "aquí es el novio el que viene a la casa y el que paga cuando se sale"; "aquí tienes que aprender a cocinar como yo y a limpiar bien; aquí, aquí, aquí...Jamás una palabra amable, jamás un abrazo, jamás un beso verdadero, jamás una risa sincera. Jamás.
 
Cuando cumplí 18 años, el mismo año que empecé a estudiar en la Universidad y en el que nació Águeda (vuestra hija y mi hermana), tu mujer consideró que tenía que aprender a ganarme la vida y me buscó un trabajo limpiando en una casa. Lo que ganaba, por supuesto, aunque en un principio era para cubrir mis gastos de la carrera, se lo tenía que dar a ella porque decía "aquí los hijos dan el sueldo en casa".
 
Y, con el paso de los años, Papá, tú te volviste igual. Hacías la vista gorda. Todo lo que decía tu mujer era lo que se hacía. Y lo que se sigue haciendo. Una vez las cosas se pusieron muy tensas y me llegaste a decir: "...pero hija si yo me separo ahora, ¿dónde voy a ir a parar?..." Te amoldaste y te hiciste a esa manera de vivir, de ser. Blanca se cansó y cuando fue mayor de edad y pudo elegir, decidió poner fin a esa relación que no paraba de atormentarla. Pero yo no he podido y he seguido aguantando. Me acostumbré a las burlas, a los insultos, a los reproches, a los menosprecios, a los gritos y a vuestra forma tan peculiar de relacionaros y que nada tiene que ver conmigo ni con mi vida. Cuando voy a veros necesito semanas para mentalizarme y una vez que estoy ante vuestra puerta, me digo a mi misma: "Venga Inés, es sólo un rato. Hazlo por tu padre y por tu hermana".
 
Hace unos días te pedí que viniérais a casa para dar un paseo por la playa y tomar algo el día de Reyes. Me dijiste que no. Una vez más. Me dijiste que fuera yo a vuestra casa. Entonces te propuse quedar en un punto intermedio. Me dijiste de nuevo que no y me preguntaste por qué no quería ir a vuestra casa. No supe qué responderte. Pero tras llorar y pensar mucho los últimos días, te contesto ahora:
 
Papá, no voy a vuestra casa porque la última vez que fuí (el 19 de Marzo, Día del Padre) volví con la autoestima por los suelos, derrotada y muy triste. En primer lugar, tu mujer me abrió la puerta diciendo lo tremendamente gorda que me había puesto y preguntando si estaba embarazada. En ese momento no os conté nada, pero estaba medicándome con dosis máximas de hormonas para un tratamiento de fertilidad que resultó fallido. En segundo lugar, cuando os dije que no estaba embarazada, me dijísteis que no nos andáramos por las ramas, que de gallina vieja no sale buen caldo (por Dios, tengo 33 años y si yo os contará...). En tercer lugar, empezaste a hablarme mal de mi hermana Blanca con la que lleváis años sin tener trato. Y, como colofón, os empezásteis a mofar de nuestra boda (por centésima vez) y comenzaste a meterte con mi marido quien, tras ver que abandonaste la mesa nupcial durante casi toda la cena, pues, lógicamente, se molestó bastante porque, de haberlo sabido, se hubiera sentado mamá con nosotros. Pero como tú me dijiste que si ella se sentaba en la mesa nupcial tú no lo hacías, finalmente, tras mucha presión y nervios, fue ella quien me lo puso fácil y me dijo que no pasaba nada, que ella se sentaba en la mesa que más cerca estuviera de nosotros...
 
No voy a vuestra casa porque cada vez me siento más acorralada allí, más chiquitita. Y no quiero, no puedo permitírmelo en este momento de mi vida. 2014 ha sido un año muy muy duro. Lo hemos pasado muy mal. Y ahora que el sol brilla de nuevo, me niego a volver a caer. Necesito estar fuerte. Tengo que estar fuerte para lo que se avecina.
 
Te quiero muchísimo Papá. No te imaginas cuánto te echo de menos. Todos los días pienso en tí. Creo que determinadas cosas se aguantan cuando quieres mucho a alguien. Y eso es lo que yo he hecho durante todos estos años. Pero ya no puedo más. Lo siento.
 
Aquí estoy. No voy a desaparecer. Nos vemos, paseamos o nos tomamos algo cuando tú quieras. Pero no en vuestra casa.
 
Y, mientras tanto, me quedo con lo bueno. Con esas imágenes imborrables en mi cabeza, en mi corazón. Esos días de Reyes, esos domingos en la montaña haciendo que éramos escaladores y exploradores, esas tardes haciendo deporte, esos cumpleaños sorpresa, esos sábados de pelis y merendolas, esos veranos en la piscina y en la playa jugando a que la colchoneta era una tabla de surf, esos besos de buenas noches, esos ratitos cuando me llevabas a tu trabajo y me sentía tan especial porque presumías de hijas, esas mañanas que intentabas hacerme la trenza más perfecta, esos minutos de gloria cuando viste que ya llevaba la bici con 2 ruedas, esos septiembres en los que me forrabas los libros del cole y me comprabas una mochila y estuche nuevo,...
 
Un abrazo infinito Papá. Te quiero.