lunes, 11 de abril de 2016

Mi parto, nuestro parto...

11 de Febrero de 2016: Inesito y yo desayunando coincidimos en que hemos dormido de maravilla. Como hacía tiempo que no lo hacíamos, pues desde hacía semanas entre la barrigota y mis múltiples visitas nocturnas al baño para hacer pipí, el sueño tanto del uno como del otro se había visto resentido...

A media mañana nos dirigimos al Centro de Salud para pedir a mi doctora de cabecera la receta para el complemento del hierro. Va con muchísimo retraso. Nos encontramos a unos vecinos con los que nos ponemos a hablar y amenizan la espera. 

De repente noto lo que me parece ser una descarga (bastante líquida) de flujo. Sigo notando. Más y más... Cuando noto que un pequeño chorrito está alcanzando mi rodilla, tengo la certeza de que no se trata de flujo. Estoy rompiendo aguas!!!

Pasamos fugazmente por casa a recoger el bolso del hospital con las cositas de la peque y mías para nuestra estancia allí. Emoción. Mucha emoción. Inesito, nervioso. Se acerca el gran momento.

A las 13:30 horas, ya en el hospital, tras una exploración vaginal, se confirma la rotura de bolsa. Me ingresan avisándome que estoy muy verde en lo que a dilatación se refiere y que probablemente se haga bastante largo... Después de colocarme una vía para poner intravenosa de penicilina (por el estreptococo positivo), suero y buscapina (como horas más tarde sería preciso), pasamos a una "habitación de dilatación".

Allí estuvimos hasta las 20:00 horas. Durante esas horas, me fueron poniendo los recambios de bolsas de penicilina cada 4 horas, me hicieron un par de tactos y me pusieron una pastilla de Misofar (inductor del parto) vía vaginal. Dilatación? Cero patatero. Sin dolores ni molestias significativas.

Sobre las 20:15 horas nos pasan a una habitación en planta para pasar la noche y me ponen la segunda pastilla de Misofar. Alrededor de las 22:00 horas comienzo a notar las contracciones de una forma intensa. Pongo en práctica todo lo aprendido en las clases de preparación al parto en lo referente a la fase de dilatación. A las 05:00 horas de la madrugada ya no encuentro postura en la que poder ponerme de los dolores que tengo. El dolor empieza a ser insoportable y muy continuo. Inesito va a buscar a una matrona para ver cuánto había dilatado. Tan sólo 1,5 cm. No nos lo podíamos creer después de tantas horas y esos dolores...

Alrededor de las 06:00 de la madrugada, nuestra gine nos propone poner ya la analgesia epidural, pues, como bien vaticina, va para largo y no tengo por qué sufrir gratuitamente si no quiero...Accedo y en cuestión de 30 minutos ya estaba gozando de la relativa calma que te aporta este gran invento. Pude hasta echar una pequeña cabezadita!!!

Aún con la epidural puesta, no perdí en ningún momento la sensibilidad de ninguna parte de mi cuerpo. Podía mover las piernas sin problema; únicamente tenía la sensación de tenerlas muy muy cansadas pero nada más. Estoy plenamente convencida de que no me hizo todo el efecto que debía. Las contracciones las notaba pero en vez de sentir dolor, lo que me venía con cada una era presión, mucha presión (como cuando te vas a hacer caca...).

A las 12:00 horas (ya del día 12 de Febrero) volvieron a explorarme. Además de ponerme la epidural, al cabo de un par de horas, también me pusieron buscapina vía intravenosa pues, según nos informaron, ayudaría a agilizar la dilatación hasta el final. Pues no. No fue así. Únicamente conseguí dilatar 2 cm más. En total, 3,5 cm. Inesito y yo nos miramos con cara de agotamiento supino y cierta desesperación. Nuestra Gladiadora se estaba haciendo de rogar también para salir a conocernos. Afortunadamente, su latido iba perfecto.

A las 13:15 horas, nuestra gine, que ya estaba fuera de su horario desde las 8:00 de la mañana pero que se quedó con nosotros hasta el final del parto, nos propuso estimular manualmente para alcanzar la dilatación necesaria para el expulsivo. Accedimos. El cansancio tras tantas horas y las ganas de conocer a la peque eran tan grandes...

La estimulación manual no fue dolorosa (supongo que al llevar la epidural eso ayudó bastante) pero si desagradable. En unos minutos, tras la maestría de nuestra gine, ya estaba totalmente dilatada. A continuación, cada vez que notaba venir una contracción, ella me indicaba que realizase un pujo. Tras media hora así y viéndose ya el pelito de la cabeza de la peque, nos dirigimos a paritorio. Voy andando. Malamente pero llego al paritorio por mi propio pie con la ayuda de Inesito. Otro indicio más de que la epidural no surtió un efecto al 100% en mi caso.

Una vez en el paritorio, todo sucede muy rápido. 15 minutos a lo sumo que a mí me parecen horas.

Ginecóloga, enfermera y 2 estudiantes de prácticas por abajo, matrona e Inesito por arriba, cada uno a un lado. Cada cual en su papel. Mis piernas y mis pies colocados en los estribos y las manos sujetando unas barras laterales. Notaba que Inesito me tocaba, me intentaba dar su mano, me alentaba con sus palabras... Igualmente ginecóloga y matrona cariñosamente me animaban cuando con cada contracción tenía que empujar.

Empujé, empujé y empujé. Con cada pujo me dejaba el aliento. Cerré los ojos. Me concentré en hacer aquello lo más fácil posible a nuestra Gladiadora. Pero no fue suficiente. Y lo que tuvo lugar a continuación, es lo más doloroso y desgarrador físicamente que he sufrido en mi vida.

Clac, clac, clac. Noté perfectamente como una tijera o bisturí cortaba y cortaba. Si. Habéis acertado. Episotomia. Con todas sus letras. A pesar de llevar puesta la epidural, noté el corte a flor de piel. Salió un grito de mis entrañas que jamás olvidaré. Y la cara de Inesito tampoco la borraré de mi memoria nunca. Como lloraba el pobre mío...

Tras la episotomia, todo se aceleró. Escuché a la ginecóloga decir: "...no sale, no puede, el canal es muy estrecho, hay que ayudar a esta pequeña. Pasame el kiwi". El kiwi es una ventosa. Seguí empujando cuando me indicaban que debía hacerlo y en mi oído pude escuchar que Inesito me decía "ya sale, ya sale, venga cariño ya lo tienes hecho". Acto seguido, me indicaron que me incorporase un poco para poder ver a nuestra Gladiadora al salir y... Allí estaba, chiquitita, llena de sangre, con un bultito en la cabeza por la ventosa,...PRECIOSA. PERFECTA. Sigo sin encontrar las palabras para describir esos instantes. Ese torrente de emociones. Quizás nunca las encuentre.

El 12 de Febrero de 2016 a las 14:50 horas vuelvo a nacer. Mi vida cambia para siempre. Nuestra vida arranca una aventura sin igual. Ese día tuvimos a nuestra hija. Somos padres. Soy mamá. Y...redescubrí, una vez más, al excepcional compañero de vida que tengo: mi marido. Es increíble como vivió y me acompañó aquellas más de 26 horas.
 
Sin ti, no sé como lo hubiera hecho Inesito. Por eso, no sólo fue mi parto. Fue nuestro parto. GRACIAS INFINITAS.