domingo, 29 de mayo de 2016

Encuentro Infertil

Paso rápido por aquí mientras Gladiadorcita duerme su siesta porque no podía dejar de informaros que los próximos días 4 y 5 de Junio tiene lugar en la preciosa ciudad de Valencia una Quedada Nacional por motivo del Día Mundial de la Infertilidad.

No soy muy dada a utilizar el blog para promocionar productos o eventos pero éste, sin duda alguna, merece una reseña y mención muy especial.

Conozco a las tres cabezas pensantes de este encuentro. Compañeras, amigas, mujeres muy grandes que un buen día no les quedó más remedio que abrir la puerta a la infertilidad en sus vidas para combatirla. Para luchar con toda su alma y lograr su sueño de ser mamás.

Las tres me han acompañado en mi camino. Han sido testigos de mis días grises, de mis mariposas en blanco y negro durante mucho tiempo. Nunca han fallado. Siempre han estado ahí con una palabra amable y reparadora. Dando aliento en los momentos más bajos, más negros. Pero también me acompañaron cuando mi vida volvió a tomar color, cuando la noria volvió a girar. Cuando me quedé embarazada y tuve a mi pequeña.

Ellas siguen en plena batalla. Siguen suspirando al aire. Siguen mirando al cielo preguntándose cuándo les tocará a ellas. Y mientras tanto, hacen cosas tan fabulosas y necesarias en esta sociedad como preparar y currarse el I Encuentro Infertil de Valencia. Un paso más hacia la normalizacion de los problemas de infertilidad y los tratamientos de reproducción asistida.

Sin duda, el evento no te dejará indiferente. Si no, mira el cartel y la información que aparece abajo. Un fin de semana inolvidable. Una oportunidad única para conocer a un montón de personas que como tú y como yo saben en primera persona como azota la infertilidad, como golpea. Una oportunidad para escuchar a profesionales en reproducción asistida y plantear tus dudas, tus inquietudes. Una oportunidad única para pasarlo bien, para darle un toque de color a tu particular cruzada.
 

 
Te lo vas a perder?

lunes, 9 de mayo de 2016

Los días en el hospital tras el nacimiento

Tema controvertido. Varias formas de verlo. Y de vivirlo.

Hay a quienes les gustaría pasar esos días en la más estricta intimidad con su pareja y su bebé recién nacido (o bebés si hablamos de parto múltiple). Hay quienes desean tener a su lado durante esos días a sus padres y / o familiares más directos además de su pareja. Hay quienes mandan un mensaje por WhatsApp a toda su agenda cuando están saliendo para el hospital o recién nacida la criatura o criaturas dando la ubicación del hospital y de la habitación para recibir visitas como si del portal de Belén se tratara. Sea de la forma que sea todas son respetadas siempre y cuando hayan sido decididas por los recién estrenados papis.

Nosotros nos decantábamos entre la primera y la segunda. Y finalmente no fue ni la una ni la otra.

Inesito avisó a las abuelas, es decir, a su madre y a mi madre, una vez el momento del parto ya era inminente. De esta manera, les ahorramos a ambas estar allí durante las más de 26 horas de dilatación y resto del proceso. Les dijo que se pasaran sobre las 18:00 horas, pues para esa hora ya estaríamos en la habitación. Esto nos permitió una intimidad a los tres, bajo mi punto de vista, fundamental. Acabábamos de tener a nuestra pequeña tras muchas horas. El tsunami de emociones y el agotamiento que esto conlleva no es nada despreciable. Necesitábamos mirarnos, tocarnos, besarnos, olernos, hablar,...terminar de creernos que nuestra hija ya era real. Estaba ahí. Aquello que llevábamos años anhelando y luchando estaba en nuestros brazos. Nos miraba. Buscaba mi pecho para empezar a alimentarse. Fueron nuestras horas de bienvenida a una nueva vida. A una gran aventura.

Aquella tarde, tal y como estaba previsto, tal y como decidimos nosotros, vinieron a conocer a Gladiadorcita sus abuelos. Tanto mi madre como mi suegra estaban tan felices y excitadas que nos manifestaron su necesidad imperiosa de comunicar la noticia al resto de familiares. Inesito le advirtió a su madre que el parto había sido duro y que yo necesitaba descansar. Le rogó comprensión y moderación.

Al día siguiente, y tras una noche prácticamente sin dormir, porque si algo caracteriza a Gladiadorcita desde su minuto cero es que es muy tragonceta y con el calostro no parecía conformarse, a las 10 de la mañana ya habían pasado cerca de 20 personas por nuestra habitación para conocer a la nueva miembro de la familia. Cuando pasaban las enfermeras me miraban con compasión en los ojos. Con piedad.

Poneros por un minuto en situación. Apenas han pasado 24 horas del parto. Tienes las piernas, tobillos y pies muy hinchados por toda la medicación que te han tenido que meter en vena. Estás dolorida. Los puntos tiran, molestan. Ir al aseo es un suplicio. Estás cansada. Sin apenas dormir en casi dos días. Tu aspecto es bastante terrible... Y pese a todo esto, estás FELIZ. Feliz cuando miras a tu marido y le ves una expresión en el rostro que no le has visto nunca. Feliz cuando miras a la cunita que hay al lado tuya y ves a tu bebé. Nuestra pequeña, que hasta hace unas pocas horas aún estaba dentro de mí.

Aquella mañana aguanté las visitas como buenamente pude. Pasé más tiempo de pie del que recomiendan intentando ser una buena "anfitriona". Me ponía a nuestra pequeña al pecho. Lo hacía de forma torpe, inexperta. Pese a ello, Gladiadorcita se agarraba con fuerza para sacar el calostro. Para alimentarse. Y yo, veía las estrellas. Mientras tanto, abuelas, tías y demás féminas me daban consejos (órdenes) sobre posturas, horarios de tomas,...y si la pobrecita lloraba también tuve que escuchar la archiconocida frase de "oye igual se queda con hambre si no está saliendo nada del pecho, pide un biberón a las enfermeras"... Entre tanto y tanto seguía entrando y saliendo gente de la habitación. Para colmo, mi marido no estaba, pues tuvo que ir a casa a sacar a nuestro hijo peludo y a por provisiones de comida.

Con este panorama, recién parida e inexperta total en lactancia materna, vosotr@s cómo os hubierais sentido? Yo, desde luego, no lo pasé nada bien. Me sentía fatal. Tenía la sensación de no estar prestando toda la atención que debía a nuestra indefensa pequeña.

Por supuesto que se agradecen todas y cada una de las visitas pero cuando se convierten en un acto social que se alarga toda una mañana es agotador y más en esas circunstancias... Al menos yo lo viví así.

Ese mismo día, por la tarde, en una exploración que le hicieron a Gladiadorcita nos dijeron que había perdido casi 300 gramos. Debido a esta pérdida y a que nació con un peso un pelin justo (2,620 kg), nos anunciaron que hasta que no recuperase algo de peso no nos podían dar el alta para marcharnos a casa.

Nos asustamos mucho. Muchísimo. Miraba a nuestra hija y me moría de la pena. La veía tan chiquitita. Ningún trajecito de los que le llevamos en su bolsa le estaba. Todos le quedaban muy grandes. Y, lo peor de todo, me sentía tremendamente culpable por haber estado atendiendo visitas y no haberme dedicado más a ella... Fue terrible. Lloré mucho. Muchísimo. Mi marido, también exhausto, no sabía cómo consolarme, cómo animarme.

Esa noche la pasé poniendo a Gladiadorcita al pecho para que me estimulara y subiera la leche cuanto antes y cada hora y media entre Inesito y yo le dábamos 20 ml de leche artificial con jeringuilla pautada por la médico como refuerzo. Al día siguiente nuestra campeona ya había cogido algo de peso. Afortunadamente, después de una noche entera poniendomela al pecho (y cuando digo una noche entera, es una noche entera con todos sus minutos y sus horas), me subió la leche enseguida. Nos retiraron la pauta de leche artificial para sustituirla por leche mía y, desde entonces, no hemos tenido que volver a recurrir a ella. En cada control de peso, Gladiadorcita nos daba una pequeña alegría.

Inesito y yo pedimos a las familias que por favor respetaran nuestra intimidad y descanso para centrarnos en nuestra hija, en iniciar la lactancia materna con tranquilidad y calma. Hubo familiares que hicieron caso omiso pero lo que si que es cierto es que los días posteriores fueron mucho más light en lo que a visitas se refiere.

Salimos del hospital con nuestra luchadora tras 4 días y pesando 2,550 kg.

En el siguiente post os contaré cómo fueron los primeros días en casa.